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Isabel Corell, coaching

Probablemente estás en un momento de tu vida en que te sientes perdida, triste, vacía y/o en crisis. Piensas más en los demás que en ti misma y no sabes qué te gusta o qué te hace feliz. No te asustan los retos y eres fuerte, por eso estás aquí. Te encanta ayudar a los demás, sentir que contribuyes con lo que haces y que eres útil. Sabes que el cambio está en ti, que debes dar un paso que te lleve en la dirección acertada pero no sabes por donde empezar. Te encuentras atascada y bloqueada, como si algo te frenara, por eso necesitas mi ayuda. ¡Y aquí es cuando entro yo! 

¿Te sientes identificada con algunas de estas afirmaciones?

  • ¿Sientes que estás haciendo algo que no te llena, que no te realiza?
  • ¿Tus sueños de juventud han quedado muy lejos y ya ni los recuerdas?
  • ¿Te sientes cansada y frustrada con tu vida?
  • ¿Te gustaría sentirte libre y abundante?
  • ¿Piensas que la vida puede ser algo más y que te estás perdiendo cosas?
  • En tu vida no hay emoción, no hay pasión.
  • Te despiertas por las mañanas sin ganas, sin fuerzas y sin ilusión pensando en lo poco emocionante y rutinario que va a ser tu día.
  • O te estás preguntando en este momento…¿Qué puñetas estoy haciendo con mi vida? ¿A dónde me dirijo?

Si te sientes identificada con alguno de estos puntos, estás en el lugar adecuado y es el momento adecuado para hacer cambios en tu vida.

¿Qué te está frenando para iniciar tu búsqueda de propósito?

  • El Miedo ante el vacío y la incertidumbre de no saber que va a pasar cuando des el primer paso.
  • Tu entorno te dice que no cambies porque más vale malo conocido que bueno por conocer.
  • Te sientes insegura porque piensas que no tienes suficientes conocimientos para lanzarte.
  • Crees que no tienes tiempo o dinero para dar el paso y vivir la vida que deseas.
  • Siempre lo dejas todo para mañana y al final no haces nada. ¿Eres una experta procrastinadora?
  • Ya has dado el primer paso pero estás atascada en algún punto del proceso.

Yo también me he sentido perdida durante mucho tiempo y sin saber qué hacer con mi vida.

Si me hubieras visto por un agujero hace tan solo 7 años hubieras deseado salir corriendo. Hubieras respirado la atmósfera asfixiante de mi vida en ese momento. Lo agotada, cansada, sola y triste que me sentía. Hubieras escuchado a la alergóloga decirme que mis alergias eran indeterminadas, que no encontraba una causa que me las provocara o al reumatólogo cuando me dijo que mis dolores musculares eran ‘síndrome  miofascial’ y la medicina no sabía de donde venían, ni cómo curarlos. Hace tan solo 7 años mi vida era un desastre. Lloraba en casa frente al ordenador porque sentía unos dolores horribles de espalda, y aún así trabajaba 12 horas diarias frente al portátil. Me sentía insatisfecha e infeliz tanto en lo personal como en lo profesional. Me costó dos años reunir la fuerza para poder decir 'BASTA'. 

Vivía mi vida huyendo del conflicto y de mí misma

Cada vez me sentía más enferma y con más ansiedad porque vivía mi vida huyendo del conflicto, huyendo de mí misma todo el tiempo, sin enfrentarme a tomar decisiones que me confrontaran conmigo y con los demás. Huyendo de mirar hacia dentro había optado por mirar hacia fuera y evadirme con el trabajo.

¿Qué descubrí sobre mí misma?

Lo que descubrí es que no me quería lo suficiente y ponía siempre a los demás por delante de mí misma. ¿Te has sentido así alguna vez? Duele mucho darse cuenta de esto, pero en el momento te das cuenta, te libera muchísimo y empiezas a anteponer tu felicidad a la de los demás. ¡¡Esto no es egoísta, es sano!! Si tú estás bien y eres feliz puedes hacer felices a los que te rodean.

Ejercicios que puedes hacer tú ahora para empezar a amarte y respetarte:

Si tú también sientes que no te quieres lo suficiente y que antepones a los demás a tu propio bienestar, te propongo que hagas el ejercicio que yo hice durante 21 días, 3 veces al día. Consiste en repetirte esta pregunta en voz alta durante 5 minutos: ¿Qué hago para amarme y respetarme todavía más, todos los días de mi vida?

Es un ejercicio de coaching muy potente y no hace falta que te respondas de modo consciente, solo hazte la pregunta en voz alta durante 5 minutos, 3 veces al día.

da un paso que te sacará de donde estás

¿Qué decisiones tomé pensando solo en mí y siguiendo el mensaje que me daba mi cuerpo? 

Decidí aislarme de todo el mundo, en una ciudad donde no conocía a nadie, Logroño. En ese momento empecé a escuchar a mi cuerpo, del que había estado desconectada completamente. Mi cuerpo me pedía que parara y que reflexionara qué vida quería llevar a partir de ahora, con 35 años. Y eso fue lo que hice. Parar y meditar. Mirar hacia dentro y pedir ayuda. Decidí emprender desde el corazón y el instinto, sin razonar si era lo correcto o no. Simplemente era lo que mi instinto me decía y me lancé al mundo del desarrollo personal que tanto me había ayudado a mí a salir de donde estaba, en concreto el coaching y las constelaciones familiares. 

Cuando descubrí el coaching me embriagó una emoción indescriptible, como si hubiera encontrado el Santo Grial.

Nada más conocer el coaching supe que ese era mi camino, que esa era mi misión de vida, lo que había venido a hacer al mundo. Y no te hablo desde la lógica. Solo sé que lo sentí interiormente. Y a partir de ese momento, sin saber cómo, todo ha ido sucediendo. La vida me ha puesto en situaciones y ante personas que me han facilitado poder dedicarme a esta maravillosa profesión de ayudar a los demás a crecer. Mi vida empezó a fluir, dejó de estar atascada. La misión de vida me encontró a mí cuando decidí dar un paso y cambiar mi vida. Lo único que tuve que hacer es ponerme en marcha, actuar. La vida te pide que te comprometas con tus sueños y contigo y que demuestres que quieres algo. 

Lo importante es el QUÉ, el CÓMO se te mostrará cuando empieces a recorrer el camino.

Ahora estoy cumpliendo día a día con mi sueño, con mi misión de vida. Me siento más comprometida que nunca conmigo misma y con mi proyecto porque sé que todo el camino hasta llegar aquí ha tenido sentido, que la enfermedad y la crisis tuvieron un sentido. Sin ellas no sería la persona que soy hoy. Doy  las gracias por todo, incluso por lo que se podría considerar ‘malo’, porque me ha ayudado a ser quien soy ahora.

Me levanto cada mañana con ilusión, pasión y compromiso. Me permito soñar en grande y mis sueños se hacen realidad. Me siento abundante, feliz, realizada y serena.  ¡Esto es lo que me gustaría para ti si estás leyendo esto!

¿Quién soy?

Soy Isabel Corell, coach y mentora. Mi propósito es inspirarte y ayudarte a comprometerte contigo y con el mundo para lograr la vida que mereces  y que te permita dejar tu legado al mundo. Lo hago a través del método P.I.P.A. que he creado, basado en mi propia experiencia vital de transformación, con sesiones de coaching, mentoring, conferencias online y presenciales, cursos y libros.

 ¡Si no entregas lo que tienes para dar al mundo, estás siendo un egoísta! 

Me he formado en Coaching Personal con Gloria Méndez, en Coaching Estratégico con Tino Fernández y tengo la Certificación Internacional en Coaching Sistémico de Infosyon con Cecilio Fernández Regojo. 


También me puedes contactar a través de mi e-mail: Isabel@isabelcorell.com 

Permítete BRILLAR

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Testimonios

Soy consciente que el perdón me hizo un clic respecto a lo que yo sentía, a lo vivido y respecto a mí mismo. Al principio cuando me propusiste el trabajo, sentí que era como una losa, bufff pensé, empezaré pero no sé cuándo acabaré. Tendré que estar meses y meses escribiendo y reflexionando, rellenando un montón de cuadernos y escribir cartas a mucha gente. Inicié el proceso y la primera duda que yo sentía es si iba a ser capaz de detectar con claridad aquellas cosas por las que yo necesitaba pedirme perdón. Si bien es cierto, que llevaba muchos años sintiendo que había muchas cosas por las que me sentía culpable y me dificultaban la relación conmigo mismo y con los demás, también es verdad que aunque siempre había unos cuantos temas que estaban ahí revoloteando, nunca me había parado a concretar exactamente.

¿Por qué y a quién pedir perdón? Entonces yo seguí el manual de instrucciones que tú me diste y afortunadamente tú cerraste y concretaste el camino. Se trataba de pedirme perdón a mí mismo. En el fondo por un lado era un poco de alivio porque así no tenía que pensar en terceras personas y yo sentía que ese trabajo vendría después, que tendría que hacerlo después porque había mucha gente vinculada a mi culpabilidad que iba a salir en el proceso.

Entonces comencé y si bien tenía un poco de miedo al concretar cómo hacerlo, pues hice lo que tú me planteaste, cada día intentaba conectar con aquello que resonaba en ese instante, aunque fuera en lo más profundo de mi corazón y para mi sorpresa una voz bastante clara me iba hablando. Me sentaba cada día y me preguntaba ¿hoy porque siento que mi corazón llora y me quiero pedir perdón? Y no tenía que hacer mucho esfuerzo porque las respuestas llegaban rápido. Había ahí en lo profundo, un tema, una cuestión, un sentimiento muy claro por lo que yo me quería perdonar y según lo detectaba y escribía las frases, encontraba un alivio inmediato. Lo he ido sintiendo así.

Inicié ese proceso, un día tras otro día, y aunque algún día me costó más porque estaba más cansado, sentía que quería hacerlo porque me hacía bien y poco a poco fui quemando etapas porque iba descubriendo esos frentes abiertos en mí y que no me perdonaba a mí mismo.

Cuando acabé el proceso de auto perdón y pasé a la fase de escribir las cartas, al principio pensaba que me iban a salir cosas horribles y yo a mí mismo me lo permitía, escribir sin filtro, en esa primera carta. Y me puse a escribir siendo sincero y la vez con una cierta distancia porque yo ya no me sentía en ese dolor. Es verdad que me tocaba muy de cerca, pero tenía ya una distancia sana y sentía que esas personas que yo pensaba que me habían hecho daño, en realidad no me habían hecho tanto daño que el daño me lo había hecho yo. Y que ellas se habían hecho daño a sí mismas. Y la sensación me gustó.

Cuando terminé la carta, aunque me entregué a liberarme y me regocijé, supe que algo era distinto. Todavía no podía saber lo que era, pero algo había cambiado.

Cuando empecé con la segunda carta de cómo quería que fuera mi relación con mi entorno a partir de ahora, sentí mucho bienestar, mucha tranquilidad y paz. Al escribir como deseaba que fueran las cosas a partir de ahora sentí mucha paz.

Para mí este trabajo con el perdón ha supuesto, lo primero, salvar la relación conmigo mismo, dejar de fustigarme y empezar a quererme, mimarme, comprenderme. Y lo fundamental es que me he dado cuenta que al hacer eso mi relación con los demás cambia directamente. No quiere decir que no sienta las mismas dificultades, por ejemplo en comunicarme, pero lo que quiero decir es que en el momento que yo me he comprendido y me he permitido perdonarme y quererme, mi relación con los demás ha cambiado porque me he dado cuenta que soy capaz de hacer lo mismo con ellos y esto me ha dado una inmensa alegría. Antes me sentía inmensamente bloqueado, yo sentía que constantemente estaba comparándome y exigiendo a los demás porque en el fondo no los entendía porque en el fondo tampoco me comprendía a mí mismo. No me permitía comprenderme, valorarme y quererme. Fundamentalmente perdonarme. Y al hacerlo conmigo mismo me he dado cuenta que a mi alrededor las cosas se están moviendo y cambiando porque a los demás no los siento distintos, siento que son como si fuera yo en otra persona y por tanto, si yo me comprendo y me perdono a mí mismo, pues también puedo llegar a comprender lo que le está pasando al otro. Y eso, aunque a veces me cueste más o menos, está siendo una revelación. Te agradezco muchísimo que hicieras llegar este proceso de perdón a mi vida.

Jonathan H.
Jane Smith
Conchi Lorenzo
Shane Melaugh

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